Acaparando todos los clientes posibles: prohibido decir que no

Acaparando todos los clientes posibles: prohibido decir que no

Cuando trabajas como freelancer, la mayoría de las veces si es que alguien no te refirió, terminas trabajando con totales desconocidos. Siempre es casualidad o recomendación. Para mí, esto siempre era algo bueno.

Cuando recién comencé en esto de “ser mi propia jefa” (tampoco hace tanto tiempo), me entusiasmaba con trabajar cualquier proyecto de desarrollo de marca fuese lo que fuese simplemente por tener más clientes. Yo quería decir que sí a todos los proyectos, aunque el tema o en el sector en el que se desarrollaba no me llamara para nada la atención. Es decir, no importaba el giro del negocio, yo estaba dispuesta a desarrollar la marca mientras el cliente aceptara mis números y nos ajustáramos a tiempos de entrega.

De alguna manera, la vida me tenía que enseñar que esa metodología de trabajo no era la mejor y que antes de decir que sí por adelantado, debía analizar muy bien la situación y saber aceptar cuando un cliente y yo no hacíamos buen equipo. Esto para prevenir finales devastadores. 

Todo comenzó cuando acepté un proyecto de branding dudando si en verdad quería trabajarlo (producto de mi terquedad por tomar todo proyecto que se me pusiera enfrente). Por no rechazar el proyecto, comencé a retrasarme con mi agenda y a trabajar bajo presión en algo que además no me gustaba para nada y que nadie me había obligado a aceptar. Este panorama me recordó a mi “etapa godín” dedicando cuerpo y alma a proyectos que no me gustaban pero que tenía hasta cierto día para terminar. Proyectos que me martirizaban y eran eternos. En definitiva, yo no quería eso para mí

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Fue entonces cuando comencé a preguntarme: ¿por qué siempre tengo que aceptar todos los proyectos cuando alguien requiere de mis servicios? Un proyecto de desarrollo de marca con restricciones no me emocionaba en lo absoluto… Entonces, ¿por qué lo había tomado? Nunca me había planteado la posibilidad de decirle que no a alguien. “A un cliente jamás se le dice que no”, “Prohibidísimo rechazar un proyecto”, “El cliente manda”. Algunos mantras de las agencias que sin querer se me habían sembrado en la cabeza.

Después de semanas de trabajo atrasado y mucho pensar, decidí poner la frase “chamba es chamba” lo más lejos posible de mi emprendimiento.

Para darle solución a esto, debía enfocar mi total atención en las primeras entrevistas con los clientes. Ese primer contacto debía ser la clave para llegar a buenos resultados. Y si algo iba mal durante esa primera llamada o reunión, lo más conveniente era hablar con él en son de paz, explicarle las razones de por qué considero que no seremos buenos aliados y por supuesto referirlo con alguien más. 

Esta situación me hizo reflexionar bastante y darme cuenta que decir que no es totalmente válido. Es imposible acapararlo todo y no podemos pretender trabajar con el mundo entero ni tomar proyecto tras proyecto solo por tener más trabajo. Aprendí que antes de comenzar a trabajar es requisito indispensable conocer la personalidad de mi cliente para darme una idea si podemos llegar al resultado que esperamos o no con la finalidad de que este proceso sea de lo más cómodo para ambas partes.

Después de este trago amargo, por supuesto que he seguido entablando conversaciones con futuros nuevos clientes, y todo ha ido bien. La única diferencia es que ahora no todos tienen el sí asegurado en mi agenda de trabajo.

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